I´M NOT THE SAME AS WHEN I BEGAN, IT´S NOT A GAME OF MONOPOLY*

Recuerdo el fin de mi niñez y el inicio de mi adolescencia como una vorágine de música contenida en cassettes que llegaban a mis manos. A todo se le daba play y empezaba a formarse un criterio propio. Hubo injustos descartes en aquellos años (Depeche Mode, The Cure, U2, Virus) y hubo otros favorecidos de inmediato (Los Violadores, Todos Tus Muertos, Ramones, The Clash). Cuando llegó el primer cassette de Sex Pistols a mi pequeño reproductor su fama los precedía. En las revistas musicales de consulta obligada no se ahorraban detalles respecto a sus escándalos durante la corta existencia de la banda y la imagen icónica era el tristemente célebre Sid Vicious. “Pirates Of Destiny”, una recopilación no oficial, fue mi primer acercamiento a los Pistols. La voz de Johnny Rotten abre ese disco en un track que lleva por nombre “Lydon Speaks”. Desde allí quedé profundamente atraído por ese timbre tan particular que se desgañitaba en las canciones siguientes y parecía contener furia y desprecio por absolutamente todo.
La voz de Lydon me acompañó de ahí en adelante. “Never Mind The Bollocks” siempre tuvo su lugar privilegiado en mi discoteca en diferentes formatos: cassette, Cd y Vinilo. Una vez gastadas esas canciones la investigación me llevó a su proyecto musical posterior a Sex Pistols: Public Image Ltd. Aunque fue bastante más difícil digerir estas canciones en comparación con aquellas que destilaban un rabioso punk rock, con el tiempo fui encontrando el gusto por aquel proyecto sin concesiones musicales. Para mí la puerta al post punk fue PiL y sus discos, tan inconseguibles en el remoto paraje formoseño, verdaderos hallazgos en ferias y disquerías. La literatura jugó un rol fundamental en mi admiración por Lydon. Sus autobiografías “No Irish, No Blacks, No Dogs” y “Anger is an Energy” son material obligado de lectura para cualquier fan del género.

La larga introducción encuentra su justificación al intentar contextualizar mínimamente lo que significó para mí la posibilidad de producir el show de PiL en Córdoba aquel 12 de agosto del 2016. Viví todo el proceso con mucha intensidad y aquel día en particular fue movilizador. Mi rol de productor trataba de contener a mi versión adolescente que estaba atenta a todos los detalles. Una de mis obligaciones habituales era esperar al artista para recibirlo a su llegada al hotel, cuando descendió del vehículo que lo trasladaba desde el aeropuerto su atuendo lo hizo rápidamente distinguible. Un ambo de estridentes colores donde resaltaba el amarillo, los pelos desordenadamente en punta y una valija de mano cuyo color original era ocultado por cientos de stickers. Me presenté en el lobby con mi limitado inglés, él me extendió la mano cordialmente para saludar, hizo un comentario que mi emoción no pudo traducir respecto a mi remera de los Clash, sonrió y se dirigió a la habitación. Tras él venía John “Rambo” Stevens, su amigo de la infancia, con un ambo verde, el pelo peinado a la gomina y un diminuto bigotin. Una vez cumplido el protocolo me trasladé hacia la sala del concierto a ultimar los detalles y afrontar la inevitable derrota económica que relaté en el post anterior. Una vez iniciado el show me rodee de mis amigos y me predispuse a contemplar el que sin dudas fue el concierto que más disfruté desde lo musical en mis años al frente de aquella sala. Todo sonaba al volumen apropiado y me parecía ver una sonrisa de deleite dibujada en cada uno de aquellos afortunados que fuimos testigos de un show que será único e irrepetible. Con los ecos de la última canción sonando Lydon disfrutó de la hospitalidad del camarín, recibió a algunos fans y se sacó algunas fotos. Un amigo artista le llevó un cuadro de obsequio y él quedó fascinado. Sé que en su diminuta valija viajó aquella obra y muchas veces me pregunto respecto a cuál habrá sido su destino final. No tengo fotos con él. No me arrepiento, nunca me hizo falta ese tipo de legitimación tan propia de estos tiempos. Una cosa es cuando la instantánea se presenta de manera espontánea y otra es cuando se busca provocar una situación, la mayoría de las veces ciertamente incómoda.

Aquella noche, ante la evidente derrota económica, yo no podía dejar de sentir placer, aunque esta vez acompañado por una nueva sensación. Una saciedad que iría creciendo con el paso de los meses y años posteriores. La certeza de haber llegado más lejos de lo que había soñado dentro del oficio de productor de shows, las deudas saldadas con el adolescente que fui y la certeza que aquel recital significaría el punto más alto dentro de mis ambiciones creativas en la industria de la música. De ahí en adelante podía seguir en el rubro solo por el dinero, cargando números en una planilla y tratando que el resultado siempre sea rentable, o podía retirarme dignamente sin traicionar el espíritu adolescente que me llevó a involucrarme en ese mundo. El camino elegido es obvio para quienes me conocen.
Hace unos años propicié la llegada de John Lydon a Córdoba, cada vez que lo recuerde la sonrisa de satisfacción por el deber cumplido será incontenible.

* «Public Image» – Public Image Ltd.

 

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