INTRODUCCION A LA ANATOMÍA DE LA COMUNICACIÓN

Para qué voy a besar si después no voy a coger – Dijo Diego aquella noche mientras descorchábamos el segundo Malbec.
Su afirmación era tan contraria a mis principios que lo miré con manifiesta indignación. Era evidente que se había instalado una polémica que aun hoy permanece y divide aguas en nuestra amistad. A lo largo de estos años cada uno ha esgrimido argumentos sólidos para sostener su posición y aun así la discusión reaparece en algunas de nuestras reuniones.
Personalmente considero que tomar al beso como un medio y no como un fin es un error imperdonable. Es degradar en su importancia a un acto con infinitas cualidades. En ese contacto inicial con los labios del otro hay ternura, deseo, ansiedad, nervios, expectativas. Todo un mundo se encuentra alojado en el primer beso.

Saber identificar el momento apropiado para hacer el movimiento inicial es toda una virtud. La falta de timing garantiza el fracaso. Hay que trabajar la paciencia de la araña esperando que la ocasión sea construida por ambas partes. No hay peor sensación que la de ir a buscar el contacto con el otro y notar que la cabeza se aleja o elude el impacto. La frustración y la vergüenza embarga a una de las partes que se llena de preguntas e inseguridades. Dicen que a los boxeadores los agotan más los uppercut fallidos que aquellos que impactan, y quizás también este concepto sea aplicable al caso. Ante la duda es mejor dar algunos besos por perdidos antes que desgastarse ante labios esquivos. Esos minutos previos donde se lee el juego y se toma la decisión respecto a avanzar o contenerse son adrenalina pura. Las formas de acercamiento son diversas y difieren en cada situación. A veces ambas partes acortan distancias de manera muy paulatina, como si fuera una versión facial del pan/queso infantil con el cual elegíamos a los compañeros en el equipo de fútbol. En esas fracciones de segundo se acrecienta el deseo hasta que finalmente se produce la colisión anhelada. En otras oportunidades funciona como un impulso. Aunque están dadas las condiciones hay una de las partes que se reconoce incapaz de continuar sosteniendo la tensión y se dispara con decisión hacia la boca del interlocutor.
En los primeros micro segundos del beso entran a escena otros factores que acrecientan o llevan al inexorable fracaso al acto en cuestión, a saber: halitosis, excesiva fricción dental, labios resecos, algún chicle que toma un rumbo anárquico dentro de la boca de uno de los actores, un piercing lingual no declarado formalmente y otras variopintas posibilidades que no viene al caso mencionar. Pero en otras ocasiones el beso fluye naturalmente. Se presenta como una caricia brindada entre ambos participantes donde sus labios se amalgaman como si llevaran toda una vida buscándose. Este contacto puede durar horas o ser absolutamente fugaz, nuevamente hay factores externos que intervienen y en este caso enumerarlos haría la lista interminable. No necesariamente los besos larga duración son los mejores. Algunas veces el encuentro es muy corto y esa chispa efímera se queda para siempre con nosotros. Hay roces fugaces que generan una ambivalencia con la cual hay que obligarse a convivir. Esa caricia labial breve quizás no tenga un segundo acto más allá del instante en el cual se presentó y al menos una de las partes (o ambas) prefieren atesorar ese recuerdo para volver a él las veces que cada uno lo desee. El beso puede ser una experiencia más o menos satisfactoria, pero no necesariamente define el futuro del vínculo. Hay algunos excelentes que posteriormente no llevan a nada y existen colisiones dentales con destino de fracaso que terminan enredadas en las sábanas. Algunos se perfeccionan con el tiempo, como parte del entrenamiento o de aquello que conocemos como uso y costumbre, pero jamás igualan a aquellos besos que de la nada lo consiguen todo.

Un beso que, aun en la fugacidad de su contacto, me deja pensando en él durante varios días sin lugar a dudas es un disparo que, aunque involucre una serie de riesgos, celebro haber realizado. Tiene valor por peso propio y no necesita vida más allá de su instante de existencia. La carnosidad de sus labios, la calidez de su aliento, lo inesperado y efímero de ese momento me recuerda las certeras palabras de Mario Benedetti:

“De los medios de comunicación
en este mundo tan codificado
con internet y otras navegaciones
yo sigo prefiriendo
el viejo beso artesanal
que desde siempre comunica tanto”.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Relatos relacionados

SOMEDAY NEVER COMES*SOMEDAY NEVER COMES*

“Me acaban de avisar que hoy a la tarde falleció el viejo”, fue el mensaje recibido por parte de mi hermano con fecha miércoles 27 de julio a las 22:54 (datos exactos que nos brindan las actuales formas de comunicación). En ese momento yo estaba en la más absoluta soledad